“Sueño con ella, con ella y conmigo”
Adriana Gallardo
Adriana Gallardo
Sinceramente no sé qué me animó a escribir esto, quizá es una forma
de liberar las cosas que traigo guardadas, una forma de desahogo, quizá sea una
especie de terapia en la que pienso que al terminar esto seré mejor persona,
seré alguien con menos traumas y menos rencores, no sé. Sólo quiero escribir.
Han pasado 2 años desde que huí de todos los lugares que me
recordaban a ella. Todos me decían que estaba huyendo de mi presente y de mi
pasado, pero simplemente no quería volver a donde no me han querido. Dentro de
mis ratos de sobriedad pienso que hasta cierto punto es masoquista quedarse en
el mismo lugar donde hemos vivido malas experiencias. ¿Para qué quedarme si
todo me recordaba a ella? Todo me recuerda a las cosas que vivimos juntos,
fueran malas o buenas, pero en esos recuerdos estaba ella. Lo único que me
apetecía hacer era borrarla de mi mente. Durante estos dos años sin ella no
puedo decir que me ha ido mal, a decir verdad, todo lo bueno que me ha sucedido
me lo he ganado enteramente. He podido crecer y aprendí de todo lo sucedido.
Ambas éramos muy jóvenes cuando decidimos juntarnos. No duramos ni
un año juntos. Pero sé que la quise, la quise como nunca había querido, la
quise hasta dar todo por ella. Mi familia y mis amigos bien me decían que lo
que pronto empieza, pronto termina. Y es que ella y yo habíamos empezado
nuestra relación desde el primer día que nos conocimos. Dejamos todo y nos
fuimos a un pueblo en el interior de la república. Nuevamente no es que
estuviéramos huyendo, simplemente no queríamos estar donde no nos comprendían,
vivíamos en medio de puras críticas y malos pensamientos. Si me pidieran
describir qué fue lo que sentimos o lo que pensábamos en esos momentos en que
decidimos irnos, al menos yo, no podría. Yo no creía en el amor a primera vista
y sigo sin creer en ello, porque ahora
estoy consciente que lo nuestro fue un simple y puro frenesí.
Ella no era precisamente preciosa, la verdad. Tampoco era la
persona más interesante y culta del planeta, lo que tenía y de sobra, era
pasión, tenía sobretodo una actitud ante la vida que se contagiaba. Ella me
enseñó a despojarme de las cosas materiales para empezar a vivir, para empezar
a sentir y soñar, prácticamente con ella volví a nacer. Al igual que ella, yo
estaba tan en contacto conmigo mismo y con mi entorno que se nos olvidó a las
dos estar en contacto con nuestra relación.
Poco a poco nos fuimos descuidando. Hay algo que quisiera remarcar.
Cuando ya no hay nada por lo cual luchar, lo más conveniente es ya no seguir
luchando por salvar algo que ya no tiene salvación. De verdad que resulta
desgastante espiritual y físicamente.
Con el tiempo descubrí que la entrega que yo tenía hacia ella, definitivamente no era recíproca. Perdía la
razón cada vez que la veía, cada vez que estaba con ella o cada vez que la escuchaba
respirar y hablar. Ella me quería a medias, por decirlo de alguna forma. Sé que
todo sucedió muy rápido, quizá yo me lo tomé muy a pecho, muy en serio, quizá
ella sólo lo veía como una aventura más de su alocada vida. Ella no era ni de
aquí ni de ningún lado, yo estaba aferrada a que ella fuera de mi corazón,
quería que fuera mía, aunque sabía que iba en contra de su naturaleza, yo la
quise hacer parte de mi vida. Nunca fue mía y estoy segura que nunca lo será.
Mis mejores recuerdos con ella son en verano, cuando bajo el sol
empezaba a conocerla en verdad. Lo mejor que hice en esos 10 meses que
estuvimos juntas fue pasearme con ella bajo la luna, conociéndola, nutriéndome
de su esencia e impregnándome de su ser. En ese entonces podía imaginarme toda
una vida a su lado. Hacer toda una eternidad con ella significaba para mí un
sueño, una meta. No puede existir peor cosa que querer y entregarse a quien no
te quiere como lo necesitas o como tu situación lo demanda. Cualquiera que me
conociera diría que esa no era yo, con ella me volví distinta, perdidamente
encaprichada por estar con alguien que simplemente no puede estar con nadie. A
su lado yo me sentía mejor, sabía que podía darlo todo, con ella yo fui mejor
de lo que en toda mi vida había sido.
Debí de haber sabido lo que me sucedería en el momento en que la
conocí. Bien dicen que sobre advertencia no hay engaño, lo malo fue que yo
nunca me percaté de aquella advertencia, o quizá nunca quise verla o aceptarla,
no me quería sentir engañada. Me rehusaba a pensar que la mejor experiencia de
mi vida se había convertido en un total engaño y fracaso. No me quería ver derrotada
ni desganada. Ella fue quien me hizo
quien soy ahora, y no quería perderla.
El último día que la vi fue el 18 de diciembre del 2010. Días antes había tenido una discusión con ella
que me hizo sentir realmente ridícula. Resultó ser que en mis viajes hacia mi
interior, descubrí mi lado más cursi y anticuado que jamás había conocido.
Puede ser que siempre lo fui y vivía renegada de mi misma, puede ser que ella
me convirtió en eso. Lo cierto fue que sea lo que sea, ella odiaba esa parte de
mí. De haberlo sabido nunca hubiera aceptado que ella misma me ayudara a
encontrarme con mi interior y a estar en una supuesta paz con mi entorno y con
la gente que me rodeaba. Vivía enojada conmigo misma por proponerle un futuro
serio y estable, sabiendo que me rechazaría por completo. No sabía si enojarme
con ella por ser como era, o si enojarme conmigo por vivir pensando en una idea
que en la vida se iba a poder cumplir.
Teníamos un departamento pequeño a las afueras del pueblo. Sólo
había una recámara y en ella sólo teníamos un colchón, un refrigerador y un
reproductor mp3. Sentía que nuestra vida estaba completa, pero conforme pasaba
el tiempo me daba cuenta que necesitaba algo más que drogas para el alma,
necesitaba algo serio y estable, vivir con ella por siempre, hacerla mía.
Esa mañana del 18 de diciembre desperté y en volumen muy bajo podía
escuchar una melodía en guitarra que ella solía tocar. Inmediatamente corrí a
buscarla para observarla acariciar la guitarra, con lo mucho que me gustaba
verla tocar. Pero no la encontré, y después me percaté que ella misma se había
grabado y era el reproductor quien estaba haciéndome ilusiones. No hice nada.
Quise volver a dormir pero no pude (cuánto hubiera deseado haber podido
conciliar el sueño ese día). Encontré una nota muy pequeña en su lado del
colchón …”Volveré”, decía. Al principio pensé que se trataba de uno de sus
paseos mañaneros que acostumbraba realizar, pero llegó a noche y no había
llegado.
Ella huyó de mí, estoy segura que huyó a una nueva aventura, a
destrozarle la vida a alguien más. En
ese mismo momento, la mandé al olvido. No es que quisiera castigarla,
simplemente ya no quería estar esperando a alguien que nunca me iba a querer.
Regresé a mi ciudad natal. El invierno
no se sentía como invierno sin ella. Sentía sol, un sol desesperante que sólo
me hacía recordarla. Me reservé de contestar preguntas que se relacionaban con
ella.
Me sentía tan sola que podía jurar que toda una semana llovió, eran
días soleados pero tristes, en un invierno que me sabía a verano melancólico.
Con el tiempo he querido relacionar esa lluvia con su partida y nuestra
relación en general. Me he desahogado como nunca desde que no la tengo conmigo,
es más tiempo para mí y para mis necesidades, ya no lucho por algo que no tenía
salvación.
La quise como se quiere a un primer amor de ese tipo. La quiero.
Sueño con ella. En este calor invernal, yo sueño con ella. Debo confesarlo. No
la he olvidado, no creo olvidarla y prefiero no olvidarla. Esos sueños y los
recuerdos que tengo de ella impregnados en mi piel me ayudan a asegurarme que
ella no fue un sueño, que yo no soy un sueño, que nosotros fuimos reales. Sueño
con ella y con todo el tiempo que estuvimos. Sueño con su guitarra, sueño con
sus ganas de querer alimentar mi alma. Sueño con su pasión. Con ella y conmigo.
En el próximo verano sentí el frío que en invierno no había
sentido. Tantos sueños y tantos recuerdos de ella en verano me enfriaron la
mente y el corazón. Sólo podía recordarla. Aquellos momentos en que me
enamoraba de ella cada vez que la escuchaba respirar. Acabamos. Nos acabamos
mutuamente. Fue su miedo a dejarse querer y conocer, fue mi excesiva lucha a
querer estar con ella. Fue todo lo que hicimos y lo que no hicimos. Se me rompe
la voz al querer hablar de ella.
Quisiera que en algún lado me estés leyendo. Aún sueño contigo.
Contigo y conmigo. Bailas bajo el sol, bajo la luna, tu pelo acaricia mi piel.
A tu lado todo era color de la rosa tempranera. Es por eso que no me sorprende
que después de tu “Volveré” me lloviera una semana entera. En el calor de esta
y de todas las noches, yo sueño contigo. Musa distinta.
Nunca decidí escribir esto para que me ella me leyera y entendiera
todos mis caprichos, berrinches y superaciones personales. Tampoco para
restregarle en la cara lo bien que me ha
ido sin ella, no deseo ningún mal, no lo deseo ni porque estuve varios meses en
“muerte de amor” (entrecomillado porque uno no se muere de amor, es una
enfermedad que no te incapacita, no te justifica ni nada, al día siguiente con
todo el dolor de tu alma tienes que seguir presentándote a tus labores diarias,
es una enfermedad, la peor de todas.)
Aprovecho estos párrafos para escribirle que la quiero, sueño con
su ser, sigo impregnada de ella, pero ahora todo es de manera diferente. La
quiero por abandonarme, por abrirme los ojos y darme a mí misma una
oportunidad. Una de esas noches calurosas de aquel invierno brinde por ella y
en nombre de todos los que padecían mi mismo mal;
“Brindo por que los que nos abandonaron por decisión propia no
vuelvan nunca más.”
Hace poco acudí a un concierto, y sinceramente, la vida no pudo
elegir un concierto mejor y más atinado que ese. Fue la cura a las cicatrices,
la cura a las heridas, la cura a todo mal que tenía por dentro. Me entregué
como espectador, me entregué a la vez, a mis recuerdos. La recordé a ella. La
mandé más de tres veces al infierno, la maldije y al mismo tiempo la estaba
amando. Es imposible para mí describir esta sensación de odio-amor que tengo
por ella. No la he vuelto a ver, más que en sueños. En ese concierto escuché
una de las mejores frases de mi existencia, una que me marcará por el resto de
mis días hasta que escuche alguna mejor;
“La soledad es la mayor de las libertades, es el único lugar en donde un ser humano se puede construir sin idear de otros”
“La soledad es la mayor de las libertades, es el único lugar en donde un ser humano se puede construir sin idear de otros”
Quizá no es la mejor frase, pero se acomodó perfectamente a mis
sentimientos. La soledad es la mayor de las libertades. Sinceramente no soy
libre, me considero en estado de soledad pero no soy libre. Envidio a las
personas que en su soledad, son capaces de ser libres, de vivir la vida a
manera de aventura, la envidio a ELLA. La envidio porque nunca sentirá la
necesidad de querer establecer su vida con alguien, la envidio porque en su
soledad ella es libre por completo. Su cuerpo, haciendo referencia a Platón, no
es cárcel de su alma. Su alma no es prisionera, vive en libertad con su
entorno, tal y como yo lo fui alguna vez.
Aunque actualmente soy bastante solitaria, vivo aferrada a ella, a
su recuerdo. Estoy en un lugar donde me construyo y me alimento de su recuerdo.
Me hago de la idea que gracias a ella soy feliz ahora. Vivo en un sueño, en un
sueño donde está ella. ELLA. Yo sueño con ella. Puedo tener a alguien más pero
nunca tendré a alguien como ella. No por nada le decía “Musa Distinta”.
Quiero estar sola, quiero estar sola en verdad, quiero ser libre,
construirme sin ideas tuyas, construirme sin tu recuerdo. Quiero dejar de
soñarte, quiero olvidarte.
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