Llegué a este libro
principalmente por el diseño. Lo encontré en el librero que mi hermana tiene en
su cuarto. Cuando lo vi inmediatamente reconocí el trabajo de uno de mis
diseñadores favoritos, Alejandro Magallanes, y eso fue lo que me llevó a
hojearlo.
En lo personal siempre he
encontrado atractivo un libro por su diseño. Pienso que el libro como objeto es
algo en el que se puede crear mucho concepto interactuando con el contenido de
la obra al mismo tiempo. Quizá fue eso lo que me hizo escoger este libro y no
otro.
Mi hermana estudió Ciencias
de la Comunicación y sinceramente, tiene más activo el hábito de la lectura que
yo. Todas las historias que ella ha leído me las cuenta y por lo tanto sé la
calidad de libros que lee. Sé que si ella me puede recomendar algo sin fallar,
es un buen libro.
Al preguntarle a mi hermana
por el libro que tenía en mis manos, no me comentó nada, que simplemente lo
leyera. Ella sigue a Juan Villoro desde las columnas que escribe en el
periódico hasta sus libros. Fue por eso que sin dudarlo lo agarré y me animé a
leerlo.
Esta obra de Juan Villoro, reúne cinco cuentos, los cuales comparten algo
en común, la culpa. La cual nos la hace notar en cada cuento que leemos. Todas
las historias llevan consigo una culpa a cargo, que es lo que motiva a realizar
la historia.
Juan Villoro nació en la Ciudad de México, estudió Sociología y es
aficionado al rock nacional, (coautor de dos canciones cantadas por Café
Tacuba). Es quizá esto lo que lo orilla a desarrollar la prosa inconfundible
con la que escribe sus obras y las historias que compone muy vinculadas a su
personalidad.
En este caso en específico el cuento de “Los Culpables” está escrito de tal manera en la que nos sentimos identificados con el personaje, nos envuelve tan profundo en la historia que nos sentimos culpables, aun sin siquiera serlo.
“Pero
yo no podía armar la historia, como si todas las palabras llevaran le eñe que
se atascaba en mi teclado. Entonces Jorge habló como nuestro padre lo había
hecho en esa mesa: nos faltaba sentirnos culpables. Éramos demasiado indiferentes.
Teníamos que jodernos para merecer la historia.”[1]
En el cuento Los Culpables, el cual le da título a la recopilación de
cuentos de Villoro, se puede notar la indiferencia que a veces tenemos al
enfrentar algunas cosas que pasan a nuestro alrededor y pasarlas por
inadvertido. En esta ocasión Jorge estaba en busca de una historia para
llevarla al cine. Debido a que se hermano conocía historias de inmigrantes, se
le hizo buena idea que él escribiera el guión. Lo que el protagonista, hermano
de Jorge, no sabía, era que su hermano estaba en busca de una verdad, de una
historia y de una culpa en específico.
Ninguna historia era lo suficientemente buena como para sentir culpa. Lo
que se necesitaba para venderle a los “productores” era una historia que
hiciera incómoda a la gente pero pese a esto , la verdad les siguiera sonando
en su interior. Y era justamente eso lo que Jorge quería para su hermano, que
la culpa le revolviese la conciencia. Lo difícil para el protagonista es decir
aquella verdad, aquella historia que siente que es sólo de él, sabiendo que
sólo así podrían tener una historia con culpa digna de ser presentada.
“…¡Sin culpa no hay historia! El
problema, mi problema, es que yo ya era culpable…y yo no deseaba mencionarlo….”[2]
Como es casual en los cuentos de Villoro, los empieza por lo que causa la
historia, por el clímax del cuento, de esta forma nos intrigamos y es que
queramos seguir leyendo, sumándole su peculiar lenguaje para escribir y su
manera tan “casual” de contar las cosas.
“Escribíamos para un comando de
pendejos. Era nuestra ventaja: sin que se dieran cuenta, los obligaríamos a
transmitir una verdad incómoda. A esto Jorge le decía “el silbato te Chaplin”. [3]
En varias ocasiones es la culpa lo que mueve a la gente. Un sentimiento que
lo hace querer hacer cosas mejores, un impulso para desahogarse en otras cosas,
o en el caso de nuestro cuento, para contar historias lo suficientemente buenas
como para llevarlas al cine y hacer sonar “el silbato de Chaplin”.
En mi experiencia personal, podría decir que he realizado varias cosas que
sus consecuencias me hacen sentir culpable. Esto a su vez me hace hacer cosas
que normalmente no haría, esto con el fin, por supuesto, de querer borrar
aquellos actos que me hicieron sentir culpable, querer arreglar las cosas,
cambiarlas, pero por supuesto que no podría.
Es increíble lo que la culpa puede ocasionar en la gente. La culpa es
aquello que nos hace llorar cuando alguien fallece, saber que pudimos hacer
algo mejor por alguien, el simple hecho de saber que diste menos de lo que
pudiste dar es lo que conmueve a la gente.
Actualmente vivimos en un mundo que poco a poco se ha estado orillando a la
deshumanización, esto y la culpa vienen de
la mano. Cada quien tiene sus historias que los hacen “culpables”. Y es
por eso que nos sentimos identificados y es por eso que nos gusta escuchar
verdades incómodas o como lo citan en el cuento “el silbato de Chaplin” .
Queremos hacer de nuestra realidad un chiste, de esta forma nos cae menos
pesado aunque nuestra realidad no lo sea, así como Villoro tiene una forma un
tanto sarcástica para contarnos las cosas.
En los demás cuentos de esta recopilación, se puede notar una culpa o algún
sentir que hace que el personaje se sienta incómodo con su alrededor o consigo
mismo. Tal y como nos lo muestra en “Mariachi”, Villoro nos muestra a un
mariachi mexicano que muy en el fondo de su ser, odia serlo. Odia todo lo que
esto conlleva y sobretodo la manera en que es sobrevalorado. Esto habla mucho
de cómo es el mexicano respecto a sus costumbres e ídolos.
Acostumbramos a ser malinchistas y
sentir desprecio por nuestros orígenes. En otra parte también llegamos a
sobrevalorar a nuestros ídolos, que es justo lo que pasa en el cuento
“Mariachi”.
El mexicano necesita un ídolo, alguien a quien venerar, a quien admirar, un
ejemplo a seguir para distraerse de su realidad, que culpables o no, quieren
evitarla.
En total, esta recopilación de cuentos de Juan Villoro, nos refleja un
tanto a la cultura, y sociedad mexicana. Sin exagerar, nos retrata a un típico
mexicano queriendo distraer sus verdades, sus culpas, con las de alguien más,
distraerse de su realidad idolatrando a otros, sintiendo celos de lo que no
tiene o perdió.
Algunos piensan que la culpa envenena el alma, el sentimiento de
remordimiento nos hace amargos e insensibles, yo pienso todo lo contrario. Ese
remordimiento es a veces nuestro motor para ser cosas que no haríamos, tomar
una segunda oportunidad en nuestras vidas para hacer las cosas bien. Sin culpa
no habría lecciones de vida, sabríamos lo que está mal pero no sabríamos cómo
remediarlo, cómo aprender de las cosas que nos pasan en la vida. No podríamos
madurar como personas.
No hay persona que no sea culpable, sea en el contexto en el que sea, todos
tenemos cierto grado de culpabilidad. Es por eso que esta obra la considero
bastante acertada para el lector, específicamente mexicano, nos hace abrir los
ojos ante nuestra realidad, comprendemos lo que realmente somos y hacemos, nos crea conciencia, y es eso, pienso yo, lo
que una obra de arte debe hacer, llegarle a las personas en cualquier sentido.
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